domingo, 9 de febrero de 2014

De antaño: 12/12/13

De nuevo veo a F., quien llega tarde a la cita. Vamos a la Cineteca y miramos una película tristísima llamada "Les vents contraires" ("Contra el viento", le llamaron aquí). Antes de que empiece, le invito un café; ella prefiere una limonada y así lo ordena. Yo no he comido nada desde la noche anterior, y ya dan las 3 de la tarde. Vemos la película y luego de eso, platicamos sentados en una jardinera, sobre la proyección. En contraste con el pésimo día anterior, esta plática resulta muy grata. Su compañía me place. Surgen varios tópicos, como la ausencia de mi padre y ella me pregunta por qué no lo he vuelto a ver, por qué no he tratado de contactarlo. Es bueno referir esto, porque de ese comentario surgió el deseo de reencontrar a mi familia paterna. Vamos luego a ver si logramos comer sushi y la fila de espera es larguísima. durante la espera, mi madre llama queriendo que la acompañe, pues es su "santo". (Cabe decir que, hasta ese momento, seguía sin comer, y ya eran las 6 de la tarde). F. insiste en dejar la comida para después y la acompaño a su casa, no lejos de ahí. Durante esa caminata surge un tópico interesante: Ella se confiesa católica, algo extraño para un ateo. ¿En qué se supone que creen los católicos? ¿Neta, creen en Jesús y en la salvación y en su concepción sin pecado? Fui cortés y no dije gran cosa, pero eso me hizo dudar mucho de mis pretensiones.

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